"He leído y oído en varias ocasiones que 'La muerte tiene permiso' es un cuento clásico. Y yo añadiría que no sólo es uno de los mejores y de los más citados y antologados, sino de los más clásicos y ejemplares precisamente por su final tan sorprendente" (Martínez Morales 113).

Resumen de los cuentos de la antología

 

“La muerte tiene permiso”

La historia transcurre en lo que parece ser un juzgado (nunca se aclara del todo) donde ingenieros y ejidatarios discuten sobre los diferentes problemas agrarios. Una vez que los primeros han expuesto las diversas maneras en las que quieren ayudar a los ejidatarios,  es el turno de hablar de los últimos. Después de varios intentos fallidos por una expresión clara, se designa a Sacramento como el portavoz de los ejidatarios.

Expone su problema: el presidente municipal. Éste les robó las tierras, cobró falsos y muy elevados intereses, y mató al hijo de Sacramento cuando fue a reclamarle las tierras, entre muchas otras cosas. Por esto hacen la petición ante el presidente de la asamblea para que les den permiso para matar al presidente municipal. Trás ciertas objeciones, el permiso les es concedido. No obstante, el presidente de asamblea e ingenieros se topan con la sorpresiva respuesta de Sacramento: “Pos muchas gracias por el permiso, porque como nadie nos hacía caso, desde ayer el presidente municipal de San Juan de las Manzanas está difunto” (Valadés 13).

 “Estuvo en la guerra”

Un hombre no puede dejar ir el recuerdo y sensación de la guerra, aún en el más cotidiano de los días. “¿Y el chofer? Había desaparecido. Él iba solo sobre el tanque que devoraba las avenidas” (15).

 “No como al soñar”

Adrián se descubre valiente cuando logra darle una declaración de amor por escrito a la niña que le gusta, Tichi. En el camino hacia su casa, se topa con una pelea entre dos hombres que resulta en la muerte a balazos de uno de ellos. Corre a su casa donde lo tildan de miedoso por asustarse al ver un hombre morir, y el  se queda pensando en ese mundo de sueños donde puede ser tan valiente como para besar a Tichi o ver a un hombre morir sin salir corriendo.

 “Como un animal, como un hombre”

Un hombre es transportado en un camión hacia un lugar desconocido donde será ejecutado. La presión de sentir cercano el momento de su muerte hace aflorar su instinto de supervivencia, de tal manera, que éste se apodera de sí mismo hasta convertirlo en algo parecido a un animal. Entonces, salta del camión y huye rápidamente para no ser acribillado. Una vez que está a salvo y puede pensar como él piensa, se descubre nuevamente hombre.

 “Al jalar del gatillo”

Don Rafa, acostumbrado a tener todo lo que desea, fija sus ojos en una muchacha que a su vez está enamorada de otro hombre que le corresponde, Gabriel. Enfurecido por esto, manda a llamar al Cacarizo, asesino a sueldo. Éste le pide 100 pesos para hacer el trabajo; Don Rafa acepta y espera a que el encargo se cumpla. “La de malas Don Rafa, no resultó bien el trabajito. El Gabriel nomás quedó mal herido. Y vengo a devolverle la mitad del dinero. Tratos son tratos y soy hombre de palabra. Ahora que afine la puntería, cerramos el negocio y me da usted el completo” (33).

“La grosería”

Tiburcio, el hijo quinceañero de Doña Lola, le hizo la “grosería” a Irma. Cuando su madre lo regaña,  diciéndole que no es un hombre, pero que lo va a poner a trabajar si tanto quiere serlo, Tiburcio se siente pequeño. Sin embargo, al saber del suceso, sus amigos lo congratulan y Tiburcio vuelve a sentirse hombre. Irma por su parte se siente triste. “No sabe por qué, pero es como si se hubiera hecho pequeña, tan pequeña como cuando ni siquiera sabía andar” (38).

 “Asunto de dedos”

Donaciano, un hombre de avanzada edad, resuelve, tras mucha meditación, robarse 100 pesos del banco donde trabaja para comprarse una pipa. Una vez que lo hace se presentan ante él diferentes situaciones de seres cercanos a él con graves necesidades monetarias que él podría solucionar dándole a alguno el billete. El deseo por la pipa es mayor y se queda con el dinero. Ya frente al mostrador de pipas, cae en la cuenta de que ésta no será nunca suya,porque no supo hacer suyos los 100 pesos.  Se va y regresa el billete al banco como si nada hubiera pasado y sin que nadie se enterara del hurto, de su egoísmo y de su cobardía.

 “Adriana”

El padre de la bebita Adriana la observa siempre con cariño, a ella y a sus hazañas. Su relación de padre e hija es un espejo en el que cada uno descubre en el otro la más grande novedad y felicidad.

 “Un gato en el hambre”

            Una familia pasa por duros momentos porque no siempre hay qué comer. El hijo siente la presión de alimentar a su familia aunque a veces gasta su poco dinero en mujeres. Está acostumbrado a soportar la vergüenza de la diaria inquisición de su padre sobre si ha traído algo.

Un día en que estaba  más molesto de lo usual por la situación, hostigó al gato blanco, fiel amigo y acompañante de su padre, hasta que el animal no volvió. Poco tiempo después, el hijo consiguió trabajo pero al ver a su padre cabizbajo por la pérdida de su amigo, comprendió el mal que le había hecho al quitarle aquello que lo había mantenido vivo a través de la hambruna.

 “La infancia prohibida”

            Beto, un niño de 11 años, huérfano; vive con unos tíos que son de carácter seco. Limitado por tantas reglas, su infancia no es la mejor. Dicha situación se agrava al llegar a vivir con ellos otro tío y su hijo Rafael, quien ocupa todas las atenciones de los adultos. Desesperado por esto, huye de casa por unas cuantas cuadras hasta que su tío lo encuentra y lo fuerza a regresar. Al llegar a casa y ver a los vecinos y a su familia preocupados, se siente por fin querido por ellos. Todo se desmorona cuando entra al cuarto para consolar a su tía. “-¡Muchacho condenado!- me gritó-, ves cómo estoy delicada y me haces pasar este mal rato. Te voy a dar una paliza para que se te quiten las ganas de ir a pasear. Ya verás…” (68).

 “El pretexto”

            Un hombre da dos veces limosna a un borracho que dice necesitarla para las medicinas de su moribunda madre. Gonzalitos, compañero de trabajo del primero, se burla de él por su dádiva y lo cataloga de ingenuo.  Un día, el borracho llega con aquél que le dio la limosna par avisarle que su madre ha muerto y a pedirle que lo acompañe a velarla. Gonzalitos, avergonzado por su actitud incrédula, acompaña a su amigo y al borracho a velar a la difunta madre. Estando ahí, el borracho, postrado de dolor ante su madre muerta, clama: “¿Y ahora que voy a hacer? ¿Quién me dará para beber, si ya no podré pedir par sus medicinas?” (76).

 “Se solicita un hada”

Un hombre, a sus 34 años, hace reminiscencias de su pasado juvenil e infantil. Recuerda cómo era  y lo que deseaba a los 21, a los 15 y a los 8 años. El deseo más grande en esta última edad, era el de tener un hada que le concediera todo lo que pidiese. Regresando al presente, sigue anhelando por un hada.

 “Todos se han ido a otro planeta”

Historia que habla sobre la abrumadora soledad que se siente a veces, por ninguna razón visible, y su habilidad para marcharse ante algún evento inesperado. “Un beso que había logado de pronto que todas las gentes regresarán a la tierra del paseo por otro planeta. La tierra estaba poblada otra vez por millones de hombres, por animales, por casas. Por todo eso que es la vida” (88).

 “Las raíces irritadas”

Un hombre siente a través de ciertas circunstancias la restricción que tiene su libertad y el permiso fallido para ser hombre. Su patrón es la ley y la autoridad. Sin embargo, después de una balacera, el hombre pierde la paciencia y la resignación y mata a balazos a su patrón. A causa de esto lo aprisionan y lo culpan, además, de crímenes que no cometió. “¿Pero no cree usted que un día a los demás se les va a llenar el cuerpo de un enchilamiento muy grande y acabarán por mandar a la tiznada todo eso que no les permite ser hombres?” (104).

 “Un hombre camina”

 Un hombre que siente a renacido a la vida se de cuenta de lo que es la verdad.

 “ Que la verdad es la de este minuto en que camino, con mi edad, con mis manos como las manos de millones de hombres y que me fueron dadas también para que construya una parte de todo esto y para que acaricie a una mujer y ayude a un niño a saber caminar.

La verdad es ésta, que yo siento, porque mi cerebro me pertenece para comprender qué maravilloso y qué bello es que todo esto exista y lo haya podido hacer la mano del hombre” (108).

 “El girar absurdo”

Camilo Berber, un hombre que alguna vez lo tuvo todo, vive en la miseria por su vicio de jugador. Después de cinco años de vivir de semejante forma, un amigo le regala 50 dólares para que compre comida y medicinas, para sus hijos y esposa. Su primer impulso lo lleva al casino donde multiplica el dinero. Con gran esfuerzo se retira con las ganancias y llega a casa donde todos duermen. Intenta dormir pero no puede. Su excitación por lo ganado lo lleva a jugar de nuevo; esta vez perdiéndolo todo. Cuando pierde su última ficha, en el mismo número que hacía pocas horas había dado comienzo a su racha ganadora, pierde la vida.

 “Qué pasa, Mendoza”

             "Qué pasa, Mendoza", es el saludo que Ernesto le dedica a éste todos los días en el trabajo. Mendoza, por sus celos, acaba  de perder a la mujer que ama, y no puede superarlo. Como cualquier periodista, está constantemente rodeado de grandes e impactantes noticias, pero no puede evitar verlas con indiferencia, demasiado preocupado por sus “noticias” personales. 

 “En cualquier ciudad del mundo”

Diversos escenarios, vidas y situaciones que se encuentran en cualquier ciudad.

“El obrero, allí en la cumbre de un esqueleto de hierro de un nuevo y alto edificio, remachando la unión de dos soportes, cubiertos los ojos con una máscara contra el acetileno, colgados los pies a los lados de la vigueta, sudoroso, con la misma sensación de un artista que estuviera creando una obra maestra…

El niño saboreando su golosina preocupado en terminarla rápidamente…

La madre, bañando a su hijo, amorosamente, platicando con él como si fuera persona mayor, como si ella fuera la propia agua tibia, sedante, alegre…” (136).

 

                                                                       Obras Citadas

Valadés, Edmundo. La muerte tiene permiso. 3ª ed. México: Fondo de Cultura Económica, 2000.